Los seres humanos somos criaturas de costumbre.
Una persona que va al polo norte, quizás al principio no soporte el frio, pero pronto su cuerpo se acostumbra a las bajas temperaturas, y lo siente como algo normal. Un bebe que vive en una casa en la que hay demasiado ruido, se acostumbra a los sonidos, al grado de que éstos no le perturban el sueño. Hasta sucede con los alimentos. A mí me encantó el Sushi la primera vez que lo probé. Pero con el paso del tiempo, al comerlo constantemente, me acostumbré al sabor y dejó de ser tan espectacular como lo fue al principio.
La tendencia a acostumbrarnos, no es mala. De hecho es buena, porque nos ayuda a adaptarnos a muchas situaciones y circunstancias. El problema es cuando nos acostumbramos a las personas que nos rodean.
Quizás al principio de una relación las caricias y las atenciones que recibimos por parte de nuestra pareja sean lo mejor que jamás hayamos sentido. Sin embargo, si lo permitimos, podemos llegar a acostumbrarnos a esos tratos y verlos como algo normal. Debido a la costumbre, dejamos de valorar a las personas.
No hay mejor sensación en el mundo que el saber y sentir que somos valorados, apreciados y amados. Valora a las personas que te quieren, pues no sabes por cuánto tiempo las tendrás a tu lado.
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